Huida de la prisión inmensa

A Franz Josef Bauer (Taufkirchen, 1901-Dorfen, 1970) se le considera actualmente un escritor poco destacable dentro de la historia de la literatura alemana, etiquetado como autor local bávaro, comprometido con valores de tipo rural y tradicional. Actualmente la mayoría de sus libros sólo se encuentran en anticuarios. En su juventud, Bauer interrumpió sus estudios de teología para ejercer diversos oficios -contable, secretario de un noble-, hasta terminar en 1927 como redactor del diario de Dorfen, la pequeña población de Baviera en la que residiría hasta el final de su vida. En 1930, escribió su primera novela: Achtsiedel, que le valió el galardón de un importante premio literario para jóvenes autores. A partir de entonces, se convirtió en escritor y publicó historias de temática rural que aparecían en grandes tiradas (El camino de la sal, El mercado de los potros). Estalló la Segunda Guerra Mundial y tuvo que ir al frente; estuvo en el Cáucaso, donde entre otras heroicidades escaló el Elbrus, y, finalmente, sobrevivió a la masacre europea. Regresó a Dorfen, se dedicó a escribir (Aventura en el Cáucaso, A la mañana siguiente) y llevó una vida retirada. Voces justicieras lo acusaron de haber militado voluntariamente en el Partido Nacionalsocialista Alemán y de haber confraternizado con los verdugos. Lo cierto es que Bauer se hallaba entre esos autores cuyos libros no quemaron los nazis (en 1944 hasta recibió un nuevo premio por otra novela rural: La niña de Stachet); perteneció a un gran grupo de escritores que no se rebeló -al menos, abiertamente- contra el régimen y colaboró en publicaciones tan ideologizadas como el Volkisches Beobachter o el Krakauer Zeitung, periódico editado en la ocupada Cracovia para difundir la "cultura aria" y "germanizar" Polonia.
la describe el cautiverio en el interior de la mina: un agujero excavado en el seno de una montaña en el que los presos debían extraer mineral sin descanso, privados constantemente de luz y aire fresco. Forell quiere huir para reunirse con su esposa, una de tantas Penélopes alemanas de guerra, pero pasan los años y poco a poco su ilusión se debilita al comprobar que evadirse no ya de la mina sino de una Siberia casi perpetuamente helada es imposible. Los ánimos y la ayuda de un médico alemán también cautivo animarán a Forell a fugarse de la prisión subterránea, aunque sólo para ir a parar a otra mucho mayor: Siberia entera primero, y toda la Rusia soviética después. El ex convicto vagará a lo largo de tres años por la inhóspita taiga siberiana; durante meses convivirá con pastores de renos que lo inician en los sinsabores de sus costumbres primitivas. Finalmente, se unirá a tres presos políticos rusos, evadidos de las minas de oro de Kolyma y, junto a ellos, se convertirá en buscador de oro, cazador y traficante de pieles.
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